Angeles Arrien, en su libro Las cuatro sendas del chamán, que recomiendo enérgicamente leer y practicar, introduce que “sea como sea el mundo en el que vivimos actualmente, todos somos hijos de la tierra y estamos interconectados por nuestra mutua humani­dad. Cuando escuchamos a los pueblos indígenas, estamos escuchando a nuestras más antiguas identidades”.

Según Arrien, las cuatro sendas o arquetipos chamánicos son el fundamento de su equilibrio y armonía internos y externos. Conociendo cuales son estas, se poseen las herramientas que abren las puertas de una de las sabidurías más antiguas del planeta: la de los chamanes.

El guerrero, el sanador, el vidente y el maestro. Estos son los cuatro arquetipos que reflejan el cuádruple sendero chamánico. Procedo a enumerarlos.

La senda del guerrero es la senda del líder. Este camino se abre eligiendo estar presentes, mostrándonos, evitando pasar desapercibidos y respetando los límites y normas. Una de sus herramientas es la meditación de pie.

La senda del sanador se basa en poseer un corazón pleno, claro, abierto y fuerte. También en el reconocimiento de las cualidades propias, de lo que has contribuido y estás contribuyendo y del amor otorgado y recibido. Una de sus herramientas es la meditación tumbada.

La senda del vidente nos permite decir la verdad sin culpabilidad ni juicio, estar libre de actitudes de negación e indulgencia, el alineamiento entre la palabra y la acción y honrarse a uno mismo en la medida en que honra a los demás. Una de sus herramientas es la meditación caminando.

La senda del maestro nos pide que permanezcamos abiertos al resultado pero sin apegarnos a él. Cuando expresamos este arquetipo desarrolla­mos nuestra capacidad de desapego, fluimos como el agua y demostramos nuestra sabiduría y sus componentes: claridad, objetividad y discernimiento. Una de sus herramientas es la meditación sentada.

Sé que no adelanto mucho sobre las cuatro sendas porque creo que lo mejor es hacerse con la lectura completa para adentrarse completamente en ellas.

FUENTE: Las cuatro sendas del chamán, Angeles Arrien

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