“Las acciones se llaman justas y moderadas cuando son tales que un hombre justo y moderado podría realizarlas; y es justo y moderado no el que las hace, sino el que las hace como las hacen los justos y moderados”.  (Aristóteles)

Ser capaz de cultivar las virtudes es la mayor de ellas. Al igual que Aristóteles, considero virtudes el término medio entre dos vicios: exceso y defecto. Así respecto a la virtud de la apacibilidad, tendríamos por defecto el ser incapaz de enfadarse y por exceso la iracundia; respecto a la virtud de la amabilidad, el defecto es ser quisquilloso o desagradable y el exceso la adulación.

“Con el término “virtud” (del latín virtus, que corresponde al griego areté) se designan cualidades buenas, firmes y estables de la persona, que perfeccionan su inteligencia y su voluntad, y la disponen a conocer mejor la verdad y a realizar, cada vez con más libertad y gozo, acciones excelentes, para alcanzar su plenitud como persona”.

“Las virtudes que se adquieren mediante el esfuerzo personal, realizando actos buenos con libertad y constancia, son las virtudes humanas, naturales o adquiridas. Unas perfeccionan a la inteligencia en el conocimiento de la verdad teórica y práctica (intelectuales); y otras, a la voluntad y a los afectos en el amor del bien (morales)”.

Cabe preguntarse si es negativo un exceso en dar amor, o un defecto en odiar. Esto es debido a un mal enfoque de las virtudes. Por ejemplo, respecto al amor, la virtud es el amor en sí, su defecto la apatía y su exceso el fanatismo. Respecto al odio, no se hallaría entre las virtudes; una carencia de odio es simplemente amor o respeto enfocado de otro modo.

Cuando imaginamos un ideal de sabiduría, ¿qué tendemos a pensar? Moderación, paciencia, prudencia… Términos medios. El camino de las virtudes está marcado, y hay que tener el valor de seguirlo.

Anuncios