Hace poco tiempo una persona me preguntó filosóficamente: “¿Quién eres?”, a lo que yo respondí casi inmediatamente: “Soy el centro de mi Universo“, pues sinceramente es lo que me vino en aquel momento. Mi compañero no fue capaz de detectar el matiz divino que yo quería aportar a la frase, y se indignó. Pensaba que con esa frase pretendía equipararme al Dios Universal y ni mucho menos… Ser el centro de mi Universo quiere decir que todo lo que me ocurre empieza y termina por mí mismo. Pero sin equipararse al Todo, ni mucho menos, sino con total humildad, adjudicándome la responsabilidad de mi propia voluntad.

La pregunta no es nada fútil. Quién eres es una cuestión peliaguda cuanto menos. Al intentar responderla en un plano más trascendental siempre tendería a pensar en Jesús o en otros sabios.

Soy el que Soy…

Cabrían más maneras de responder a la pregunta. Se me ocurren:

Soy la parte del Todo; soy el Todo de la parte.

Soy mis decisiones.

Ser o no ser, he aquí el dilema… (Shakespeare)

Y muchas más que podría pensar con más tiempo. Cada persona tendrá sus propias respuestas a esta gran pregunta. Lo importante para concluir con este asunto es la propia percepción que uno tiene del Todo, del Ego, de la Voluntad… y darse cuenta de que no hay conclusión posible.

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