Ramiro A. Calle nos ilustra en sus obras “El libro de la serenidad”, “El libro del amor” y “El libro de la felicidad” con fábulas y cuentos inspiradores que él mismo comenta después. Ya destaqué un cuento de “El libro de la serenidad” hace tiempo. Hoy es el turno de “El libro de la felicidad”.

Primero transcribo la fábula, y después el comentario  de Ramiro Calle.

El barrendero

Era un hombre de avanzada edad, muy inculto y que se había quedado sin trabajo. En él había despertado el anhelo de hallar la iluminación de la mente y del corazón y, con genuino afán, aspiraba a poder utilizar los años que lo quedaran de vida a entregarse a la purificación interior. Con esa intención acudió a un monasterio y rogó que se le diera instrucción mística; pero el abad y los monjes advirtieron que era analfabeto y, por lo tanto, incapaz de leer los textos sagrados, entender la instrucción espiritual o seguir los ritos comprendiendo su significado. Mas como se le veía buena persona y con un real anhelo de búsqueda interior, le dijeron para no desairarle:

-Buen hombre, quédate con nosotros si ése es tu deseo. Tu cometido será barrer el patio.

Transcurrieron muchos meses. El anciano se aplicaba con gran esmero a su trabajo. De repente los monjes y el abad comenzaron a darse cuenta de que el hombre exhalaba cada vez más paz, que sus movimientos se hacían cada vez más serenos, que había más brillo en su mirada y alegría en su trato. Había experimentado una transformación evidente. Todos estaban sorprendidos porque ellos, que se entregaban a oraciones, ritos  y lecturas de libros sagrados, no tenían ni mucho menos la calma y el contento que se apreciaba a todas luces en el anciano.

Decidieron reunirse con él y preguntaron cuál era su secreto o el método que estaba utilizando.

-¿Secreto? -dijo aquel hombre sencillo- ¿Método? No sé de qué me habláis, respetables y venerados monjes. Me he dedicado a barrer con mucho cuidado y muy atento el patio, sin perder el sosiego; además, mientras quito la basura, pienso que también estoy quitando la de mi mente y que expulso fuera de ella todo resto de odio, cólera o envidia. Eso es todo.

Comentario

La vida es el maestro y cualquier actividad puede ser un método precioso para purificar la mente, equilibrar el entendimiento y actuar con mayor lucidez, destreza y amor. Todo es importante, puesto que todo puede ser puesto al servicio de la integración mental. Tú puedes darle a la vida un sentido si efectúas cualquier cosa con atención consciente, desapego, ecuanimidad y afecto. El mejor equipaje para el viaje hacia la integración interior es:

-Verdadera motivación o anhelo de paz interior para beneficio propio o ajeno.

-Energía bien aplicada, o esfuerzo correcto.

-Cultivo de emociones positivas y sanas.

-Pensamientos laudables y bien orientados.

-Atención despierta.

-Perseverancia y coherencia en la práctica.

-Visión clara.

-Acción consciente, diestra, precisa; hacer lo mejor que se pueda en cada momento y no obsesionarse con los resultados, valorando más el proceso que transurre aquí y ahora que la meta, pues la meta real es el instante mismo.

-Estimular la curiosidad por la que se va encontrando a lo largo del viaje, desde una apertura amorosa, firma pero flexible, asumiendo el fracaso sin abatimiento, y también como enseñanza, y valorando las pequeñas cosas cotidianas, que son las grandes.

-Mejorar todo lo posible la relación con las otras criaturas y tratar de relacionarse con sinceridad, más allá del yo o de la imagen que tenemos de nosotros.

-Cultivar intenciones nobles y adiestrarse en el proceder correcto.

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