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Divertida conversación que mantiene Jiddu Krishnamurti con unos estudiantes, en la que hablan, entre otras cosas, del ego.

¿El ego forma parte de uno mismo? La clave es prestar atención a lo que es, no a lo que debería ser…

Uno observa, y se enfrenta a lo observado. Entre medias, está la observación. Si la observación no es pura, es la mirada del ego.

¿Cómo puedes llegar a conocer, si no eres libre? ¿Cómo puedes conocer mediante creencias, dogmas, juicios, críticas, condenas…? La gente busca sistemas, métodos o técnicas para ser libre, y lo que hace es alejarse de ella mecanizándose. Uno es libre cuando vive atento, presente, en el Amor, fluyendo… ¿Hay otra manera de ser libre?

¿Es el ego algo que limite al Yo? Distingamos antes uno de otro. ¿Pertenece el ego al Yo? Puede ser que la experiencia personal y los factores externos nos induzcan a identificarnos con el ego, pero ¿podemos realmente alcanzar a ver lo que es realmente el ego?

El ego comienza a nacer a través del aprendizaje, y crea una ilusión de identidad que crece a través del tiempo. El ego identifica al invididuo con determinadas ideas, con determinadas imágenes externas, pero ¿por qué esas ideas y no otras? ¿Podemos decir que las ideas son algo propiamente nuestro y que no han dependido de algo externo? Es obvio que no hemos nacido ni católicos, ni musulmanes, ni socialistas, ni capitalistas, pero la necesidad de poseer una identidad a la que llamar nuestra nos empuja a creernos parte de algo. Nada más lejos de la realidad; estas ideas que decimos “nuestras”, ¿puedes decir que lo sean en realidad? Todas las ideologías dependen de una autoridad, ya sea una persona del presente (un líder político) o del pasado (que haya dejado escrito un ideario). Las ideas previas requieren de ideólogos previos, de los que uno, como identificado con sus ideas, es seguidor, y, como tal, limitado. Es decir, que nosotros mismos somos quienes nos limitamos.

Cuando miras a una persona que conoces, ¿ves una imagen de ella basada en experiencias pasadas o eres capaz de verla tal cual es ahora mismo, en el momento en que está frente a ti? Cualquier concepto sobre ella, aunque este cambie, no será más que un producto mental, surgido del ego

¿Qué ocurre si nos preguntamos cuándo nació el ego? ¿Seremos capaces de ver que, al igual que los animales, los bebés y los niños pequeños carecen de ego, ya que aún no han sido condicionados? La espontaneidad innata que todos poseemos se va diluyendo entre las limitaciones impuestas. El Yo naturalmente espontáneo e infinito se aliena, transformándose en un Yo-Ego limitado. La esencia del Yo es ver las cosas tal cual son, tanto externas como internas, sin prejuicios, sin críticas; simplemente como son.

¿Es posible eliminar el ego? Si eres capaz de autocuestionártelo, estás más cerca de que lo sea. El ego no desea ser eliminado, y el intelecto urdirá muchas estrategias para evadir su cuestionamiento. Avanzar en el conocimiento del propio ego hasta el mismo fondo de éste es el único camino para verlo, y verlo por uno mismo es el único camino para, llegado el caso, desprenderse de él.

La relación más importante y primordial de la vida es la relación con el Ahora, o mejor aún, con cualquiera que sea la forma que adopte el Ahora, es decir, lo que es o lo que sucede. Si la relación con el Ahora es disfuncional, esa disfunción se reflejará en todas las relaciones y en todas las situaciones de la vida. El ego podría definirse sencillamente como una relación disfuncional con el momento presente.

Es en este momento cuando podemos decidir la clase de relación que deseamos tener con el momento presente. Una vez que hemos alcanzado un cierto nivel de conciencia, es decir, de Presencia (y si está leyendo esto es porque seguramente es su caso) estamos en capacidad de decidir qué clase de relación deseamos tener con el momento presente.

¿Deseo que éste momento sea mi amigo o mi enemigo? El momento presente es inseparable de la vida, de tal manera que nuestra decisión se refiere realmente a la clase de relación que deseamos tener con la vida. Una vez tomada la decisión de ser amigos con el momento presente, nos toca dar el primer paso: mostrarnos amigables con él, acogerlo independientemente de su forma de presentarse. Y no tardaremos en ver los resultados. La vida se torna amable con nosotros. La gente nos ayuda y las circunstancias cooperan. Pero es una decisión que debemos tomar una y otra vez, hasta que aprendemos a vivir naturalmente de esa manera.

Con la decisión de hacer amistad con el momento presente viene el fin del ego. El ego no puede nunca estar en consonancia con el momento presente, es decir, en consonancia con la vida, puesto que su propia naturaleza lo induce a resistir, menospreciar o hacer caso omiso del Ahora. El ego se nutre del tiempo. Mientras más fuerte el ego, mayor es el tiempo durante el cual controla nuestra vida. Casi todos nuestros pensamientos entonces se refieren al pasado o al futuro y el sentido de lo que somos depende del pasado, donde encuentra una identidad, o del futuro donde busca su realización. El temor, la ansiedad, la expectativa, el remordimiento, la culpa, y la ira son disfunciones del estado de la conciencia atrapado en el tiempo.

El ego trata el momento presente de tres maneras: como un medio para una finalidad como un obstáculo o como un enemigo. Analicemos una a la vez, de tal manera que cuando ese patrón se apodere de usted, pueda reconocerlo y decidir nuevamente.

En el mejor de los casos, el ego ve en el momento presente un medio para cumplir una finalidad. Sirve para llevarnos a algún momento en el futuro considerado más importante. Pero el futuro nunca llega salvo como momento presente y, por tanto, nunca es más que un pensamiento en la cabeza. En otras palabras, nunca estamos totalmente aquí porque siempre estamos ocupados tratando de llegar a algún otro lugar.

Cuando este patrón se acentúa, lo cual suele suceder, el momento presente es visto o tratado como si fuera un obstáculo a superar. Es allí donde surgen la impaciencia, la frustración y el estrés y, en nuestra cultura, esa es la realidad cotidiana, el estado normal de muchas personas. La Vida, la cual ocurre ahora, es vista como un “problema”, y todos habitamos en un mundo lleno de problemas que debemos resolver para ser felices, sentirnos realizados o comenzar realmente a vivir (o por lo menos eso creemos). El problema está en que, por cada problema que resolvemos aparece uno nuevo. Mientras veamos un obstáculo en el momento presente, los problemas no tendrán fin. “Seré lo que deseas que sea”, dice la Vida o el Ahora. “Te trataré como tú me trates. Si me ves como un problema, eso seré para ti. Si me tratas como a un obstáculo, seré un obstáculo”.

En el peor de los casos, y esto también es muy común, el momento presente es visto como un enemigo. Cuando odiamos lo que hacemos, nos quejamos de nuestro entorno, maldecimos de las cosas que suceden o han sucedido; o cuando nuestro diálogo interno está lleno de lo que deberíamos o no deberíamos hacer, de acusaciones y señalamientos, entonces nos peleamos con lo que es, con aquello que de todas maneras ya es como es. Convertimos a la Vida en nuestra enemiga y ella nos dice, “si lo que quieres es guerra, guerra tendrás”. La realidad externa, la cual es siempre el espejo de nuestro estado interior, se experimenta como algo hostil.

Una pregunta crucial que debemos hacernos con frecuencia es ¿cuál es mi relación con el momento presente? Después debemos estar alertas para descubrir la respuesta. ¿Trato el Ahora apenas como un medio para llegar a una finalidad? ¿Lo veo como un obstáculo? ¿Lo estoy convirtiendo en enemigo? Puesto que el momento presente es lo único que tendremos, puesto que la vida es inseparable del Ahora, lo que la pregunta significa realmente es, ¿cuál es mi relación con la vida? Esta pregunta es una forma excelente de desenmascarar al ego y de entrar en el estado de Presencia. Aunque la verdad absoluta no está encarnada en la pregunta (en últimas, yo y el momento presente somos uno), es una guía importante hacia el camino correcto. Hágase esa pregunta con frecuencia, hasta que ya no la necesite.

¿Cómo trascender una relación disfuncional con el momento presente? Lo más importante es reconocerla en nosotros mismos, en nuestros pensamientos y en nuestros actos. Estamos en el presente en el momento mismo en que notamos que nuestra relación con el Ahora es disfuncional. Ver equivale al afloramiento de la Presencia. Tan pronto como vemos la disfunción, ésta comienza a desvanecerse. Algunas personas se ríen cuando ven esto. Con el reconocimiento viene el poder de elegir: la posibilidad de decirle “sí” al Ahora y de aceptarlo como amigo.

Eckhart Tolle

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